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sábado, 11 de mayo de 2013

Los miserables

Tom Hooper (“El rey tartamudo”, 2010) se enroló en la aventura de llevar al cine el musical que cautivó a miles de espectadores a lo largo y ancho del mundo. Y lo hizo a partir de la música original, recreando la historia de Víctor Hugo. Como cineasta, Hooper sabe que el musical tiene sus propias claves y señales que no deben confundirse con la puesta en escena de un drama, comedia, u obra literaria. Por ello se alió con Bill Nicholson, quien le escribió el guión insipirado más en el resultado teatral que en la novela y armó un filme separado de la literatura y de la exitosa producción de Broadway. Tomó un poco de aquí y de allá. Esa cámara en constante movimiento nos recuerda a “Moulin Rouge”, sobre todo en la escena de la taberna de los pícaros que cuidan a Cossette, escena que sobresale por su derroche de humor, la ambientación, vestuario, tramoya, espontaneidad actoral, desenfado y cohesión musical, para darle a su película un aire de modernidad técnica. No olvidó que este tipo de historia, cuando los parlamentos son cantados no precisa de un reloj para contar el tiempo. Aunque es bueno señalar que Hooper se preocupó en tocar todos los detalles de la historia sin preocuparse mucho por la síntesis. Tal vez, esta pudiera ser la causa de los señalamientos que le ha hecho la crítica internacional. Y lo digo a viva voz: esta es una cinta que conmueve por su derroche de cultura.
El espectador va a presenciar un espectáculo musical y no una tragicomedia a secas. Es por ello que su extensa duración (casi tres horas) molestará a algunos, pero está inscrita dentro de los parámetros de este tipo de producción donde lo que más importa es el registro vocal y la secuencia de composiciones que la integran. Es imposible comparar esta versión con las anteriores (sobre todo la más conocida, la de 1998 protagonizada por Liam Neeson y Geoffrey Rush)) toda vez que sus propósitos culturales son distintos. Uno persigue el espacio actoral y el otro la posesión rítmica. Además, su tono melodramático no molesta. Tanto la novela como el musical parten del melodrama: pero un melodrama con hondos matices humanistas.
En su afán de buscar un elenco de estrellas que garantizara una efectiva taquilla, Hooper descuidó la calidad interpretativa de algunos personajes fundamentales. Si Anne Hathaway es un derroche de virtud, tanto actoral como de voz, Russell Crowe es todo lo contrario. En vez de cantar, “dice” sus parlamentos, su calidad vocal no es promisoria y llega un momento en que llega a molestar. De su parte, Hugh Jackman, sin ser nada del otro mundo, cumple su papel protagónico con discreción.
Mucha falta le hace al cine retomar historias como estas e inscribirlas dentro del musical. No serán perfectas, pero al menos nos sacarán de la rutina de los thrillers y comedias de poca monta.

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Ficha técnica: País: Reino Unido. Dirección: Tom Hooper. Guión: Bill Nicholson. Fotografía: Danny Cohen. Música: Claude-Michel Schönberg. Intérpretes: Hugh Jackman, Russell Crowe, Anne Hathaway, Helena Bonham Carter, Amanda Seyfried, Sacha Baron Cohen, Eddie Redmayne, Aaron Tveit y Samantha Barks. Duración: 158 minutos. Sinopsis: versión del musical de la obra de Victor Hugo donde un ex convicto es perseguido por más de 20 años por un implacable comisario de la policía.

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